¿Fui en busca de un sueño?

Toda la secundaria por lo menos, tuve claro lo que quería estudiar; Periodismo Deportivo. Sin embargo, cuando se acercó el momento, decidí anotarme en Marketing, ya que Periodismo no me significaba algo tan serio como para hacer full time, pero tampoco algo sencillo como para estudiar como segunda carrera, de manera simultánea. Por eso me anoté en Marketing, la cursé y no sin dedicarle esfuerzo (en algunos momentos más que en otros) pude recibirme y comenzar a trabajar de eso. Después de un tiempo en el que pude asentarme un poco y sentirme cómodo en el trabajo, sentí que me faltaba algo. No sabía qué. Durante la carrera, había estudiado Teatro, Comedia Musical, Canto, y era DT de un equipo de Fútbol 5/6. Pero era otra cosa lo que me faltaba.


Entre sueños, una noche en octubre me di cuenta que había algo que había postergado y quería hacer. Me llamaba volver a mi lado artístico, también estudiar Publicidad, o para ser Director Técnico, pero nada de eso era lo que sentía que quería hacer. Lo que quería estudiar era Periodismo Deportivo. A la mañana siguiente lo hablé con mi novia, que me bancó desde un primer momento. Sin esperar mucho más, se lo conté a mi familia. Mandé un mail, otro mail, una reunión y me anoté. Ya era estudiante de Periodismo. Ya me decía estudiante de Periodismo. Me sentí feliz esa tarde de noviembre cuando pagué la matrícula y oficialmente me convertí en estudiante de nuevo. 

Pasó el tiempo. Repetía -me repetía- que era estudiante de Periodismo, lo contaba con felicidad, con entusiasmo. A mi familia, amigos, compañeros de trabajo. Todos lo sabían, y sabían que el 16 de marzo comenzaría las clases.

El 16 de marzo, ese día que parecía tan lejano por octubre/noviembre de 2014, finalmente llegó. A las 18.00 salí de mi trabajo, y en lugar de dirigirme para la estación de tren o de buscar el auto de mi papá como de costumbre, enfilé para Libertador como había hecho el jueves anterior para ir a rendir el Examen Nivelatorio de Inglés. De pronto ese día lejano era hoy. Ese momento lejano en el día era ahora. Ya no más vueltas, ya no más contarle a nadie. Era ir, y empezar a estudiar lo que tanto quería. De pronto se volvió real, más real que nunca.

Era una sensación rara. Estaba contento, estaba feliz, pero fue como si finalmente alcanzara un oasis en el desierto. Algo que siempre tuve ahí, finalmente estaba tan cerca. Era real. Era hoy y ahora. Y también era en el mismo momento que podía estar en mi casa descansando, o haciendo otras cosas. Era ir a estudiar por mi decisión exclusivamente. 

La primer clase que tuve, Deportes, comenzó con Basquet. Un deporte extraordinario, que además de tener un Profesor que según sus pergaminos sabe de basquet, también sabe cómo transmitirlo. Fue una hora y media que parecieron quince minutos. O menos. De hecho terminó 5 minutos antes de la hora, y ganas no me faltaron de decirle: "Profesor, faltan cinco minutos todavía". 

A continuación, llegó el Profesor de Comunicación, afirmando que lo odiaríamos. ¿Cómo una persona se puede presentar así? Nunca me cayeron bien esos profesores, tampoco nunca les creí. Nadie puede ser tan malo, y menos decidir ser profesor con esas terribles intenciones. Pero, ¿Para qué? ¿Es necesaria esa presentación? Desde luego que no. Este profesor, dio lugar a la presentación individual de cada uno de los presentes. A diferencia de cuando cursaba Marketing, ahora tenía experiencia previa, ya no era de los vagos que no trabajaba, e incluso había leído un libro recientemente para poder responder a su pregunta. 

Igualmente, cuando terminaron todas las presentaciones, este profesor afirmó que todos teníamos un problema. Salvando a una nadadora profesional que contó que estaba estudiando allí como hobbie -esa respuesta pareció satisfacerlo un poco mas, no mucho-, ninguno había dicho que estaba estudiando allí porque quería trabajar de esto. ¿De verdad pretende que chicos de 18/30 años sepan de qué quieren trabajar? ¿Acaso él sabía a sus veintipoco de años que sería lo que finalmente es? Luego de afirmar nuestro problema, volvió a preguntar por qué estábamos allí, de qué queríamos trabajar. Cuando yo le respondí "no lo se" y luego de la risa generalizada -creo que si contaba un chiste no hubiera tenido tanto éxito-, me dijo "y tenes 25 años...", como si a los veinticinco años uno debiera saber que va a hacer los próximos 75. "24", lo corregí, aunque para el caso era lo mismo que tuviera 4, 24 o 54. Esa necesidad de creer que sabemos qué queremos hacer, o qué vamos a querer hacer de acá al resto de nuestras vidas, nunca la entendí. ¿Será que todos mis nuevos compañeros ya saben qué quieren hacer todas sus vidas porque un profesor les dijo que esa era la solución al problema que él les dijo que tenían?

La última clase a la que asistí fue lengua, donde me motivaron a empezar este blog. "Si viene un estudiante de periodismo y no escribe, no puedo ver lo que hace, para mi, no existe". Y yo por supuesto que sí quiero existir, así que aquí estoy. Improvisando, como me gusta hacer en mi vida. Y sabiendo que lo que sí quiero ser en la vida, es ser feliz.

Comentarios

  1. Seguro que lo más importante es "ser feliz" y en distintas épocas de la vida uno es feliz con cosas distintas.

    A mi generación se nos exigía no equivocarnos o hacer siempre lo mismo, pero ahora es necesario reinventarse constantemente.

    Mientras uno disfrute lo que hace debe hacerlo y si no buscar otro camino. Hoy se acepta que uno tenga distintos talentos.

    Las estadisticas indican que cada vez hay más gente que desarrolla distintos talentos en forma exitosa como por ejemplo ser médico y cantante.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Hasta en la bolita

Quiero Seguir Jugando

Si me preguntas, te digo que no