La llegada
Después de tanto esperarlo, desearlo, quererlo y planearlo, finalmente llegó el día. Casi sin darme cuenta, de un momento para el otro era la semana y después el día.
Me desperté antes de las 7 am, acompañé a mi novia a tomar el tren y me fui al gimnasio. Un poco de pesas y otro poco de cinta antes de irme a trabajar. En el trabajo, dejé todo lo más ordenado posible para que no se notara mi ausencia más de lo esperado.
Todos en el trabajo sabían que me iba. El saludo de la mañana de cada uno incluía el "ya te vas". Y sí, le cuento a todo el mundo lo que me pasa. Las horas pasaban cada vez más lento, hasta que a las 6 en punto fui a saludar a personas puntuales, que estaban tan distribuidas que terminé despidiéndome de todo el mundo.
Volví a mi casa, terminé de preparar lo poco que me faltaba, me bañé y salí. En más o menos una hora y media, llegué a Ezeiza. Después de todos los trámites, pasé un rato por el salón de American (donde comí de todo), y a la hora indicada fui a hacer la fila para embarcar.
Aunque estaba 5to en la fila, hicieron pasar primero a los ancianos, a los que tenían hijos menores de 3 años, a los que tenían prioridad y a los que tenían asientos al fondo. Genial decisión, pero podrían haber avisado antes y ahorrarme la fila. El free shop, apenas lo visité.
Una vez que me senté en el avión, pude contemplar una luna muy linda. El tiempo pasaba y no salía el avión. Como estaba sin celular y sin reloj, no tenía idea de la hora así que me puse a leer.
Durante el vuelo, si bien el asiento era chico e incómodo, dormí casi todo el tiempo en el que no estaba comiendo. Al lado tenía un señor de unos 60 años que no abrió un ojo en toda la noche, por lo que lo tuve que saltar para ir al baño.
Cuando llegamos, pude tomar el AirTrain sin problema. Lamentablemente no llegaba hasta mi estación, pero dispusieron de un bus que sí lo hacía y por el inconveniente este trayecto no lo cobraron. Luego me tomé el subte hasta Penn Station.
Cuando llegué a esta estación, mi felicidad era pura. No podía creer que había llegado. Estaba donde tanto quería. Caminé hasta la casa de mi hermano con una sonrisa de oreja a oreja. La encontré sin problemas.
Me estaban esperando mirando la final de rugby. Me recibieron con un te y unos arrollados. Después nos fuimos a pasear a Central Park, donde había preparativos para la Maratón de dentro de un rato.
De ahí fuimos a un lugar a comprar cookies y chocolate caliente. La fila de 45 valió la pena. Volvimos y la novia de mi hermano se disfrazó por Halloween.
Nos fuimos hasta CT para celebrar con amigos de ellos. El tren de ida y el de vuelta, hicieron las veces de cama para mi. Y sí, el día de 48 horas empezaba a pasar factura. Comimos unas empanadas excelentes.
Cuando caminamos de la estación Central hasta acá, pasamos por muchos lugares que ellos toman como algo más. Vi Brodaway y Times Square de lejos. Ya iré en algún momento.
Estoy hace poco más de 12 horas y siento que estoy hace mucho más. Me siento cómodo, contento y acompañado. Estoy donde quiero estar, disfrutando de sorprenderme en cada cuadra. Estoy feliz.
Me pone muy contenta que hayas llegado bien a la casa de Fabio y Katherine. No contas nada de tu encuentro con Ayra.
ResponderEliminarEspero que descanses pero no demasiado total acá camas tenemos. Te deseo que pasees mucho, que observes mucho, que te llenes de cosas distintas y sobre todo que aproveches estos días con los chicos.
Para mi fue una gran emoción ir a la casa de un hijo y su pareja. Supongo que para vos también ver a tu hermano en su hogar y con su rutina.
También yo estoy feliz de este encuentro entre uds.