Disfrutar el ahora

Desde chicos nos enseñan que para ser felices tenemos que cumplir con ciertos requisitos. Como si estuvieramos viviendo en una carrera cuyo premio, y solo para algunos, es la felicidad. Es como si cada tanta distancia debiéramos ir cumpliendo con determinados tiempos para alcanzar la felicidad.

En esta carrera también sucede que esta de moda pensar en otro momento. Cuando vamos por los primeros 5 kilómetros, pensamos que recién a los 10 vamos a ser felices, pero en ese entonces recordamos con nostalgia los primeros 5.

Nos enseñan que aquel que va adelante nuestro es feliz, y que recién podremos disfrutar cuando lo pasemos.

Así podremos estar corriendo en un paisaje inigualable. Podríamos estar corriendo por la playa, o por la montaña, o por París, o por la Muralla China. Podremos estar corriendo al lado de alguien valioso, que siempre admiramos o que vale la pena conocer. Pero no. Debemos tener la mira fija en ese que va adelante, o en el tiempo que marca el cronómetro, o en el próximo check point para no quedar afuera de carrera. Para no perdernos la felicidad.

En esa carrera, en esa ambición por seguir adelante, por apurarnos vaya uno a saber por qué, perdemos de vista muchas cosas.

A veces la felicidad está en disfrutar el simple hecho de correr. Correr sin tiempo y sin marcas y sin presiones. Correr por correr. Otras veces, la felicidad es en parar. En tomarnos un momento para nosotros para contemplar el paisaje. Para saber por qué estamos dónde estamos y disfrutar de estarlo.

Es como cuando buscamos una lapicera que tenemos en la mano. Pensamos en que estará más adelante, y perdemos de vista el ahora. En encontrar la felicidad en lo que estamos haciendo.

Poder reconocer que este momento es perfecto para mí. Y no hablo de la idea comercial de perfección, hablo de un perfecto con todas las desperfecciones que esto pueda incluir. De permitirnos disfrutar lo que vivamos y lo que sintamos.

Aceptar nuestros estados, aunque no sean lo que queramos. Aceptarnos y permitirnos ser felices en todo momento. Saber por qué hacemos lo que hacemos. Y encontrar la felicidad en cada cosa.

Saber que la felicidad nunca nos la va a dar alguien ni algo. No es algo que te puedan dar, sino algo propio. Valerse por sí mismos sólos. Aprender a ser felices solos, y así poder compartir nuestra propia felicidad.

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