Dame una Mano

¿Cuántas veces nos encontramos en situaciones en las que dependemos de un tercero para conseguir nuestro objetivo? Y no sólo eso, sino que pretendemos que ese tercero haga algo que necesitamos porque nosotros mismos no lo hicimos antes.

Mañana River va a atravesar una situación así. Igual que cuando en la secundaria dependemos de un compañero o profesor para aprobar una materia para la que no estudiamos durante el año, River no ganó ninguno de sus cinco partidos anteriores. No hizo los deberes.

Pero claro, muchos están convencidos que si el Millonario no pasa mañana será en gran parte por los 16 suplentes que Tigres lleva a su partido en Perú. Teniendo el reciente ejemplo de Huracán que estando en aprietos pudo vencer a Cruzeiro o Racing dar vuelta su partido contra el Deportivo Tachira, queda claro que el equipo de Gallardo está dependiendo de Tigres por falencias propias.

El conjunto mexicano no debe hacer lo que le conviene a River, sino lo que les sirve a ellos. Tigres tiene el clásico dentro de tres días y siempre dejar fuera de competencia al campeón de la Sudamericana es un atractivo. Esto no quiere decir que sus jugadores mañana deban ir a menos.

Obviamente se debe respetar el fair play y tratar siempre de ganar, pero nadie pone siempre sus mejores jugadores.  ¿Acaso alguien se atrevería a culpar a Arruabarrena por cuidar a Gago o no poner a Lodeiro en el partido del jueves? ¿O algún hincha de River dudó cuando fue el Muñeco quien guardó a sus titulares en el torneo local sin importar a quién perjudicaría? Seguramente esos puntos que se perdieron (y que ganaron otros equipos como Quilmes o Unión, inmersos en otra pelea) por no poner a los mejores terminen valiendo en las definiciones de noviembre.

Hay dos cosas que se confunden muy seguido. Una cosa es que dentro de la cancha se tenga que dar lo máximo para ganar, cosa que es así y está bien que así sea. Ahora quienes son los mejores jugadores, o mejor dicho quienes deben afrontar cada partido, es decisión de cada equipo.

Lo cierto es que todos los equipos comienzan cada competencia en igualdad de condiciones (a diferencia de lo que pasa en la vida) por lo que cada uno debe hacerse cargo de sus males y sus errores y no lavar sus culpas con un tercero.

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