Tenía que ser esta

 

22 de noviembre: Argentina v Arabia Saudita


Sólo en un cuarto, mirando el partido desde la cama, a las 5 am. Con mucha ilusión, con muchas ganas, pero ahí estaba. Recién empezando. Mereciendo más de lo que había problablemente, pero con un resultado adverso, sabiendo que iba a costar demasiado, pero estando en el baile había que bailar. Errores propios y de los otros, dejando en claro que iba a ser dificil. Miraba para el costado, y no había nadie. Ahí estaba, sólo, en un cuarto, a las 7 am., listo para afrontar lo que viniera y dar vuelta la página.

26 de noviembre: Argentina v México

Era el día, era matar o morir. No había mucho más que jugársela, meter un pleno. Siguiendo un plan y confiando en que lo se estaba haciendo bien, estaba bien. Este no lo vi sólo, lo vi con Katie, en el departamento. Costó, sí. Mucha tensión acumulada, mucha incertidumbre. Mucha presión muy pronto, pero había que confiar. Y con los goles, el llanto. La alegría de seguir vivos, de confiar en el trabajo hecho y de seguir por ahí.

30 de noviembre: Argentina v Polonia

No era solamente definir la clasificación, era también, para mí, asegurar el primer puesto. Saliendo primero, iba a poder ver el partido siguiente cómodo en el departamento. Saliendo segundo, iba a tener que verlo desde el aeropuerto, suponiendo que los vuelos salieran a horario. Saliendo tercero o cuarto, era el fin de la ilusión. Fue un baile. Lo vi en horas de trabajo, respondiendo algunos mensajes, pero muy tranquilo, sabiendo que estaba liquidado antes de tiempo. Ni traté de cambiar mi pasaje, porque confiaba en que iban a salir primeros, y cumplieron.

3 de diciembre: Argentina v Australia

Otra sobervia actuación, sólida de principio a (casi) fin. Un rebote desafortunado cerca del final, y la presión de ellos por quedar afuera, puso las cosas un poco más tensas sobre el final del partido. Había aceptado hacer un voluntariado a las 6 am antes del partido, porque confiaba en que iban a jugar ese día a esa hora. Llegué a verlo bien, a disfrutarlo. El equipo ya agarraba confianza y se abría la llave. Pasando, iba a ver el siguiente partido en la casa de mi hermano. Tenía que ser esta...

9 de diciembre: Argentina v Holanda

Fecha especial para los futboleros hinchas de River, este partido cerraba una semana muy especial, donde conocí a mi sobrina. Viviendo en diferentes países, poder ver un partido importante juntos, es especial. Un partido que tuvo de todo, pero justamente mi sobrina me tranquilizó y me dejó poner las cosas en perspectiva. Verlo con ella a upa mío, tan tranquila a pesar de nuestros gritos, saltos y protestas, me recordó qué es lo importante y qué lo importante dentro de lo menos importante. 

Una picada como en los viejos tiempos acompañando, y rodeado de familia, esos goles sobre el final de ellos sólo alargaron un poco la fiesta y permitieron disfrutar más cuando fue asunto liquidado. Encima el gol de Lautaro en el final de los penales, cerró todo. Tenía que ser esta

13 de diciembre: Argentina v Croacia 

Otra vez, mis planes dependian de confiar en que el equipo ganara y en los ´90. Tenía una cita con el abogado para firmar los papeles de la casa 30 minutos después del final del partido. Si había que ir al alargue, o peor aún, a los penales, no sé qué hubiera hecho. Pensé en cambiar la cita, pero decidí confiar. Y vaya si tenía con qué.

Un partido tranquilo, desde que Argentina marcó el primer gol, a fin. Inyectando de confianza a los jugadores y a todos nosotros antes de la final. Después de unos minutos con control total croata, el equipo se acomodó y cuando entró la primera, fue todo nuestro. Como para que me quedara tranquilo, mantuviera el plan y no tuviera que modificar nada. La final la iba a ver con mi otro hermano y en la nueva casa, tenía que ser esta...

18 de diciembre: Argentina v Francia

El partido era a las 9 de la mañana, pero ya a las 6, escuché a mi hermano levantarse. No es que me despertó, sino que yo tampoco podía dormir. Y a tres horas de la final del mundo, para qué tratar de combatir el sueño? Había que despertarse, disfrutar de la previa y de la compañía.

Recién mudados, era el escenario perfecto. La nieve afuera decoraba el paisaje y contrastaba con el calor de nuestra casa. Bien acompañado, estaba listo para disfrutar la final.

Los primeros 70 minutos, otra vez, fueron una cátedra de Argentina. Parecía muy fácil, muy simple. Después de la goleada contra Croacia, el partido estaba para otro 3, ó 4, a cero. Recuerdo haber pensado durante el partido, que era demasiado fácil y simple para ser verdad. 

Es cierto que después de Francia 98, Corea-Japón 02, Alemania 06, Sudáfrica 10, Brasil 2014 (especialmente Brasil 2014) y el demasiado corto Rusia 2018, no estaba mal ganar cómodo. Pero sentía que faltaba algo, no podía ser todo.

De ahí en adelante, no me acuerdo mucho, ni muy bien. Una sucesión de eventos que duraron 5 minutos y 80 años. Los dos goles de Mbappé para llevar la final al alargue, dejando claro que no es fácil ganar una final del mundo. El tercero nuestro, el de Messi, en el que pensé que listo, que ya estaba, no se escapaba. Salí a festejar, en short y con -30, ese gol, que me dejó llorando, sin voz, pero feliz. El empate que ni sé cómo fue. La salvada del Dibu en el final, cuando se terminaba todo. La contra que erró Lautaro. Fueron 25 minutos que parecieron 100 años. No terminaba más la historia, pero tenía que ser esta.

Viviendo en tres países diferentes, poder haber visto un partido con cada uno de mis hermanos, era especial. Era esta. Tenía que ser esta.

Llegaron los penales, en los que el infalible Montiel iba a definir el partido. Cache, a quién con mi hermano bancamos desde que arrancó en River, cuando era un central al que Gallardo ponía de 4, y alternaba buenas y malas jugadas. A quién Benedetto le sacó la lengua el día que River ganó la Libertadores más linda de todas. Cache, el mismo que no se ganó el puesto durante el Mundial, y que entró bastante mal en la final.

"Lo peor de todo, es que encima justo hoy, va a errar", le dije a mi hermano y él asintió. Fue una forma de sacarnos presión, de prepararnos para lo peor. Era el infalible Montiel, pero algún día tenía que errar por primera vez, y sabiendo cómo funcionan estas cosas en el fútbol, era el día. Pero no, tenía que ser esta. 

Mi hermano, no miró los penales. Yo, cada vez que Dibu atajaba o Argentina metía, lo buscaba, le pegaba en su pie. Una reacción que en el primer penal fue reacción y después lo mantuve por cábala. Estúpida cábala, cómo si lo que yo hiciera iba a cambiar lo que pasara (o había pasado, con el delay) en Qatar. Él, con las manos en los ojos y la adrenalina a mil, ni enterado. 

Dibu atajó, los nuestros la metieron y Cache, no erró. Sin voz, sin energia, llenos de alegria, nos tiramos en el piso y ahí nos quedamos. Las llamadas con amigos o familia, no decian nada. Era mirarnos y sonreir. Ahí nos quedamos... habiendo tres camas, dos sillones, muchas sillas, el mejor lugar era estar ahí. Tirados en el piso. Mirando los festejos, disfrutando, sonriendo. Cansados, mucho mas de lo que termino los partidos que sí juegos, pero completos.

Un Mudial perfecto. Un cierre ideal. CAMPEONES DEL MUNDO. Y sí, tenía que ser esta. 

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