Con los años aprendí...

Aprendí que no puedo confiar en todos.
Que hay personas que son puentes, y personas que son para siempre.
Que no a todos les va a gustar todo lo que haga.
Que a nadie le va a gustar todo lo que haga, pero a algunos no les va a gustar nada de lo que haga.
Y está bien.
Aprendí que no estoy acá para contentar a todos.
Que hay gente que vale la pena.
Gente que me quiere bien.
Que hay gente que sí puedo ayudar y que me valoran.
Gente que le importa lo que me pasa. Solo porque sí. O porque le importo.
Que es cierto que los verdaderos amigos son para siempre. Y que muchos no fueron mis amigos.
Que es mejor tener pocos amigos, pero de verdad.
Amigos que pueden saber tus secretos y no te juzgan.
Con los que podes salir mano a mano, o ir a comer solos, o contar con ellos.
Amigos a los que les podes decir que no.
Amigos que son familia.
Aprendí también que familia son unos pocos.
Que la sangre no define a la familia. Y si la define, entonces familia no define nada.
Que hay familiares de mierda, y amigos de fierro.
Que mis papás y mis hermanos van a estar siempre. Hablando más, menos, viéndonos todos los días o de vez en cuando, van a estar siempre.
Que las personas que más valen, las podes conocer en cualquier momento, en cualquier lugar.
Que los momentos con esas personas son los que más valen.
Que viajar es una de las cosas más lindas.
Sea viajar en avión a otro continente, en auto a 100kms, o caminando a 30 cuadras. Lo importante es con quién, y el cómo. Aunque sea solo.
Aprendí que no importa qué piensan los demás de mí.
Si se ríen de lo que me pasa, me da lo mismo. No saben mi contexto, no conocen mi historia.
Aprendí que yo tampoco conozco la de los demás.
Aprendí a ser más tolerante, más respetuoso, más considerado.
A que a veces solo hay que acompañar. Respirar. Sentarse con el otro. Ayudarlo, sin buscar solucionarlo.
Con los años aprendí a no tomarme la vida tan en serio.
Nada es tan importante, solo ser auténtico. Poder mirarte al espejo y sonreirte. Bailar.
Aprendí que la vida es una sola. Que está bien equivocarse, y reconocerlo.
Equivocarse de nuevo, pero distinto.
Que los años no indican nada.
Que el otro solo tiene el poder en vos, que vos le otorgas.
Que de todos tenemos algo que aprender, y nadie tiene todo tan claro.
Que está bueno tener miedo, no estar seguro.
Que está bueno mandarse igual.
Confiar en el vos mismo de dentro de un rato.
Valorar todo lo que tiene valor.
Y a cada cosa, darle su justo valor.

Por suerte para mí los años no pasan solo por el paso del tiempo. Me enseñan cosas cada vez, no soy la misma persona. Y si aprendí todo eso, no fue solo por mí y por los años, sino por las personas que están en mi vida que valen la pena.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hasta en la bolita

Quiero Seguir Jugando

Si me preguntas, te digo que no