Días y días..
Así es la vida, tenemos días mejores y días peores. En realidad no sé si peores, pero sí más rutinarios. Esa rutina que está bien, pero no, no me convence. La entiendo, me adapto, aprovecho y trato de sacar lo mejor, pero no.
Esos días rutinarios, trato de quedarme con las cosas lindas de mi presente. De levantarme y ver a mis papás desayunando y saludarlos antes de ir a trabajar. Aunque a veces me hablen y me pregunten cosas tan temprano y no siempre esté tan despierto para contestar, pero hago mi mejor esfuerzo para hacerlo. Y disfruto de eso.
O la vuelta con mi papá del trabajo. O ir al gimnasio con mi hermano. O esa hora mirando el río, escuchando música o en silencio, caminando o tirado al Sol. Hay cosas que son lindas y que voy a extrañar. Esas cosas que me llevaría a cualquier lado.
Pero esos días, dejando de lado esas cosas cosas, son los que me dan más ganas de irme. Cuando más pienso en esa nominación que tarda en llegar, en cómo será mi vida allá. Cuando más hablo con cualquiera de los otros chicos para resolver dudas o cosas de allá, o simplemente controlarnos (contagiarnos) la ansiedad.
Y hay otros días. Días que surgen planes distintos, donde disfruto mucho más de estar acá. Y ahí me agarra nostalgia. Ese nudo en la panza de pensar el momento en que despida a mis papás en el aeropuerto. Ese último abrazo que le voy a dar a grandes amigos.
Obvio, no tiene por qué ser el último abrazo. Suena muy trágico decirlo así, pero el último en un tiempo seguro. No va a ser el último último, pero uno sin saber cuándo ni dónde será el próximo. Es una contradicción, pero a veces los días más lindos hacen más difícil todo el proceso.
Casi todas las personas con las que hablo de mi edad, están pensando en irse. Sin ir más lejos, despedí a dos de mis más amigos en el último mes. No hay nadie que me diga que se queda acá sí o sí.
Eso también sirve en los días lindos. Que es muy lindo, pero igual todos nos queremos ir. Estamos todos en la misma. Viajar te transforma, te saca de tu zona de confort y te permite valerte por vos mismo. Conocer otra faceta propia.
Celebro estar rodeado de gente que no tenga miedo a viajar. O sí, que se cague de miedo pero que no importa. Lo afronte. Que sepa que ese miedo, esa incertidumbre que sentimos, sea solo un impulso más para saltar.
A saltar. No estamos solos. Tenemos con qué.
Comentarios
Publicar un comentario